La selección mexicana se dio un festín en Toluca antes del inicio del Mundial. El Estadio Nemesio Diez sirvió para que el equipo pudiese encontrar calma, cariño desde las tribunas y motivación para encarar, la próxima semana, el partido que ponga en marcha el Mundial más grande de la historia. Los pupilos de Javier Aguirre y Rafa Márquez vencieron 5-1 a Serbia, tan desorientada que se marcó un par de autogoles. Eso no quita el mérito de un equipo que ya perfila a sus jugadores fijos, entre ellos Julián Quiñones, motor, fuerza y agilidad sobre dos pies. Los goles cayeron en los minutos 18, 33, 46, 56 y 89. Petar Stanic, Johan Vásquez, Stefan Bukinac, Raúl Jiménez y Luis Chavez fueron los goleadores. Fue la última prueba para la selección mexicana. Una prueba áspera contra una rival dura como la Serbia de Veljko Paunovic, aunque también verde e inexperimentada. Aguirre solo quería valorar ciertas circunstancias de sus jugadores, probar también a un oponente europeo como lo será Chequia (antes República Checa). Fue una noche fría en la capital mexiquense, pero el calor lo pusieron los aficionados en las butacas más infernales del fútbol mexicano, en honor a los diablos rojos del Toluca. Sonaron los tambores, bombos y tarolas. Aguirre mandó al campo a la parte más sólida que tiene y que es muy probable que repita el próximo jueves en la inauguración. En la portería el ya confiable Raúl Tala Rangel, en la central la pareja de César Montes y Johan Vásquez. En los laterales Jorge Sánchez y Jesús Gallardo. El mediocampo, ahí donde Aguirre se siente bendecido, probó primero con la tripleta de Erik Lira, Álvaro Fidalgo y Brian Gutiérrez, tres violinistas de ensueño. En el ataque había alegría con Quiñones en la izquierda, Roberto Alvarado en busca de ganarse al entrenador y la punta, el veterano Raúl Jiménez. Un buen once, donde Quiñones marcaba la diferencia, la potencia.